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PALABRAS VIVAS
Cédele también el manto
Si fuera hace frío,
viene bien un manto.
Cederlo quiere decir
darlo a otro
que también tiene frío,
y dárselo sin enfado,
con dulzura,
con alegría incluso.
Pero no sólo hay que ceder el manto.
A veces podremos
ceder la palabra
y permanecer nosotros en silencio,
ceder el sitio
y quedarnos los segundos o los últimos,
o, simplemente, ceder;
pero es la cosa más difícil
porque nos exige
dejar a un lado nuestras ideas,
que nos parecían maravillosas,
para aceptar las de otro,
que, acso, lo son algo menos.
Si una vez al menos
has intentado ceder,
has podido comprender
que para hacerlo
se necesita valor,
se necesita esfuerzo.
Es decir, has comprendido
que sólo los fuertes
saben vivir
estas palabras de Jesús.
Sin embar, Jesús dice a todos:
“Yo estoy con vosotros.
¡Ánimo!
¡Yo he vencido al mundo!”
Amistad
Tú también, Señor, tenías amigos:
Marta y María, en Betania, y su hermano Lázaro.
Te gustaba pararte en su casa
de camino hacia Jerusalén.
Consideraste a tus apóstoles como amigos.
Tuviste también la experiencia
de la amistad rota
por la traición de Judas
y la negación de Pedro.
Quizá te acordaste de aquel texto
escrito por otro Jesús, el hijo de Sirac:
"El amigo fiel es seguro refugio:
el que lo encuentra ha encontrado un tesoro"
Mira las relaciones humanas hoy:
con frecuencia, la técnica sustituye al encuentro,
el valor económico, a la amistad,
el interés, a la fidelidad.
El beso de judas está siempre de actualidad.
Danos lucidez para vivir amistades verdaderas,
un corazón abierto para hacer de la amistad
una fuente de solidaridad y de transformación del mundo.
Perdonad
Observo que a Jesús
le gusta decir palabras
que calan en el corazón.
Por ejemplo, Ésta ¡Perdonad!
perdonar quiere decir
abrir un agujero en el corazón y sepultar en él
la ofensa
para que marchite allí,
como las hojas enterradas,
y, como ellas,
se transforme en energía vital,
es decir, amistad
más fuerte que antes.
Debo cavar yo, que me siento ofendido,
porque quizás el compañero
no ha querido hacerme mal alguno.
A veces dan ganas
de hacérselo pagar,
de enseñarle los puños
y que sienta su peso.
Pero Jesús prefiere
la otra actitud.
El sabe que cavar dentro del corazón
para sepultar allí la ofensa
y dejarle tiempo de transformarse
en energía de vida
duele mucho.
Pero también sabe que aquel corazón,
según va cavando más hondo,
conseguirá espacios más amplios
y será capaz de abarcar
en el amor
a todos los hermanos.
Sí, perdonando siempre,
el corazón crece en profundidad y amplitud
hasta coincidir con
las dimensiones del mundo.
¡Hazle sentar!
El que llega de lejos
está cansado.
El que trabaja
está cansado.
El que está enfermo
está cansado de muchas maneras.
Sé amable:
Hazle sentar,
para que se relaje, que descanse,
que sienta cerca a alguien
que se interesa por él.
Luego ofrécele
lo que desee:
un vaso de agua,
pan reciente con algo dentro...
O, quizás, debas correr
a prepararle un baño caliente,
una cama...
Pero luego tomarás una silla también para tí
y te quedarás a escucharle.
¿Has comprendido porqué
dice Jesús estas palabras?
Ellas nos hacen atentos con el otro;
nos capacitan
para ofrecer un servicio,
molestarnos también
para agradar
al prójimo.
Mira a menudo a tu alrededor,
y no dejes a nadie
privado de tus atenciones,
carente del calor
de tu afecto y
de tu alegría
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